La sensación de volar se va con los cuervos de mis antepasados, con la desdicha que jamás se ha posado en tu rostro demacrado, con las injusticias de una Alemania nazi, con la sensualidad de lo mortal, con la frustración del deseo que no para quieto, con los sueños rotos de la infancia, con la infamia, la corrupción y las bananas, con todos aquellos que se la miraron y afirmaron “la mía es más grande”, con la realidad de que todas son iguales sin estar empalmadas, con la sensación de perder el norte y encontrar el sur, con esa sensación de caer del cielo y meterte para dentro, con la borrachera de media noche y con el calentón de una mañana en la que te despiertas sin ganas de nada.
viernes, 24 de junio de 2011
La sensación de volar se va con los cuervos de mis antepasados, con la desdicha que jamás se ha posado en tu rostro demacrado, con las injusticias de una Alemania nazi, con la sensualidad de lo mortal, con la frustración del deseo que no para quieto, con los sueños rotos de la infancia, con la infamia, la corrupción y las bananas, con todos aquellos que se la miraron y afirmaron “la mía es más grande”, con la realidad de que todas son iguales sin estar empalmadas, con la sensación de perder el norte y encontrar el sur, con esa sensación de caer del cielo y meterte para dentro, con la borrachera de media noche y con el calentón de una mañana en la que te despiertas sin ganas de nada.
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